Me pregunto: ¿Más vacaciones será la solución?



Hace unas semanas me enteré del proyecto de ley presentado por el diputado Roberto Poblete que busca mejorar la calidad de vida de los chilenos por medio de aumentar a 20 días hábiles las vacaciones.


Más allá si estoy de acuerdo o no con el proyecto (porque no creo que a la cámara le importe mucho jajaja), me parece vital abrir la discusión sobre cómo mejorar de manera efectiva el bienestar de las personas. Personalmente, creo que más vacaciones no mejorará nuestra productividad y calidad de vida si la usamos como única medida. Quién no ha escuchado frases como “vengo llegando de las vacaciones y ya estoy estresado” o “llegué recién hace una semana, pero ¡necesito vacaciones de nuevo!”.


¿Les suenan conocidas? No sirve de nada descansar en las vacaciones, más allá de si son 15 o 20 días, si al regresar volvemos a estresarnos. Tampoco es sustentable esperar a las vacaciones para finalmente poder descansar. No es buen negocio, créanme.


Lo que evidencian las últimas investigaciones en el tema de la productividad y el bienestar (y lo que veo diariamente en mis talleres y consulta) apunta a que uno de los factores que más determinan nuestro desempeño y niveles de felicidad con nuestra vida es un Señor que anda cada día más esquivo: el buen dormir.


La última Encuesta Nacional de Salud (ENS) reveló que un alarmante 63,2% de nuestros compatriotas tiene dificultades para dormir cada noche. Dormir poco o menos de lo que deberíamos es común en los países más desarrollados. ¡Hoy dormimos por noche un promedio de 2 horas menos que nuestros abuelos a nuestra edad! Y esta situación está afectando nuestra creatividad, productividad y capacidad de tomar buenas decisiones.


De acuerdo con un estudio realizado por el Walter Reed Army Insitute of Research, dormir poco reduce nuestra inteligencia emocional, autoestima, asertividad, empatía, el pensamiento positivo y el control de impulsos. ¿Te ha pasado que después de una o varias noches durmiendo poco te pillas gritándole a tus niños, corriendo al refrigerador para comer lo más calórico que encuentres y sintiendo que tu vida no puede estar peor?


Bueno, te cuento que todo eso se debe en gran parte a que no estás cuidando ni planificando adecuadamente tus horas de sueño.


Lamentablemente, a lo primero que renunciamos o decidimos sacar de nuestra agenda suele ser aquello que más nos nutre, pero que pareciera ser opcional: “Mmmmm hoy no tuve tiempo de relajarme así es que ahora que los niños duermen veré mi serie”, y terminas viendo 3 capítulos al hilo y acostándote a las 12:30 a.m. para levantarte a las 6:00 a.m. a preparar a la familia para comenzar el día. ¿Y te extraña que levantarte (y levantar a tus niños si eres mamá) con energía y relajada sea más difícil que barrer la escalera hacia arriba?


Mientras duermes, se libera la hormona del crecimiento (que permite reparar músculos y eliminar grasa abdominal), se consolida la memoria y cambia literalmente la estructura celular de tu cerebro al ayudarte a “limpiarlo” de moléculas dañinas que se asocian con la neurodegeneración.


Dormir poco y mal no sólo saca a flote el demonio de Tasmania que todas llevamos dentro y nos trae esas “sexis” ojeras oscuras. Tiene efectos muchísimo más graves que deberías conocer (¡y compartir!):


Sufren nuestras relaciones personales y nuestros hijos. Nuestra productividad laboral decae. Tu nivel de cortisol aumenta (hormona del estrés) y eso hace que quieras comer más y acumules grasa en el abdomen.


De hecho, un estudio publicado en la Canadian Medical Association Journal muestra que la falta de sueño está directamente relacionada con la dificultad para perder peso.


La actividad de tu tiroides se ve afectada también. La insulina tampoco cumple adecuadamente su función y tus niveles de azúcar en la sangre se disparan. En fin, la lista sigue, pero creo que ya captaste el punto ¿no?


La calidad de tu sueño va de la mano con la calidad de tu vida y muchos son los factores que pueden estar alejándonos de los brazos de Morfeo. Por lo mismo, me preocupo de que las mujeres con las que trabajo también revisen y hagan pequeños cambios en su dieta, ejercicio, el lugar en el que duermen, sus niveles de estrés y muchos más.


Para partir te dejo una papita: la mayor reparación y eliminación de toxinas se da entre las 22:00 p.m. y las 2:00 a.m. aproximadamente (dependiendo de la época del año, pero en general parte un par de horas después de que se va el sol). Si estás despierta durante estas horas… perdiste una oportunidad invaluable de restablecer tu equilibrio físico, mental y emocional.


Resumiendo, vivimos en una sociedad que sobre trabaja y descansa poco. Cuando no duermes bien, te pones más lenta, menos creativa, más estresada, más irritable y por tanto, te desempeñas peor (seguro esto te consta ;). La productividad no tiene que ver con hacer más, sino con hacer mejor. Por lo tanto, si bien la discusión sobre más o menos vacaciones es muy válida (y ojalá pudiéramos gozar de más días de descanso al año), no sirve de nada si diariamente no nos ocupamos de descansar como debemos.


Si te gustaría saber cómo dormir mejor, ¡atenta! Pronto escribiré otra columna con consejos que te ayudarán a lograrlo.


¡Un abrazo!


Mary

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© 2018 Mary Valdés Psicóloga & Coach

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