Si estás buscando el amor, tienes que saber esto


El otro día estaba con unas vecinas y nuestros niños en la plaza cuando vimos pasar una pareja de abuelitos muy acaramelados de la mano.


A todas nos brotó espontáneamente un suspiro lleno de admiración y ganas de llegar así mismito a esa edad con nuestros respectivos. Nos quedamos disfrutando ese silencio que se produjo hasta que una rompió el hechizo con la siguiente frase: “Qué suerte llegar así a esa edad”. A lo que otra inmediatamente respondió: “Seguro es su cuarto o quinto matrimonio… jajaja”.


En eso llegaron nuestros niños peleando por una pala y la imagen de esa pareja de abuelitos enamorados se desvaneció.


Días después tuve la buena suerte de toparme con la mujer comprando verduras en la esquina de mi casa. Me acerqué y le comenté lo maravillosos que se veían con su marido caminando de la mano, increíblemente felices y enamorados. “Gracias linda”, me respondió. “Llevamos 50 años juntos y aún no nos aburrimos”, me dijo riendo.


Esto que les cuento me ha hecho reflexionar muchísimo sobre el amor y las razones por las que se vuelve tan esquivo para algunas y tan abundante para otras. Si le damos una vuelta a los comentarios de mis amigas, nos daremos cuenta de que adjudican la maravilla de seguir enamorados “a la suerte” o derechamente no creen que una relación pueda mantenerse sana y viva en el tiempo. ¿De dónde sacamos esas creencias?


Cuando pensamos en personas inteligentes y exitosas en lo que hacen, la mayoría traemos a la mente a empresarios innovadores (éticamente correctos evidentemente), músicos brillantes, deportistas olímpicos, científicos premiados, escritores best seller, entre otros. Pero cuando nos topamos con personas que tienen extraordinarias habilidades interpersonales decimos que son encantadoras o buena onda. Como si para establecer relaciones positivas y nutritivas en el tiempo sólo necesitáramos “encanto”.


En general, cuando vemos una pareja que se nota feliz, no decimos cosas como: “Guau, estos dos si que son inteligentes y exitosos para establecer relaciones”. Claro que no. Porque lo asociamos a “que tienen química” o “se saben llevar”. Y eso ¿de qué da cuenta?

De que en nuestra sociedad no valoramos ni entendemos la importancia de desarrollar nuestras habilidades para relacionarnos con otros de manera sana y eficaz.


Estoy segura y doy fe, de que una pareja de años que se mantiene enamorada y feliz no es producto del azar, ni de la buena onda que tengan ni de la química. Así como también estoy segura de que el amor no necesariamente decae con el paso de los años. Muy por el contrario, éste se fortalece y adquiere dimensiones inimaginables si sabemos cómo hacerlo.

Y ahí está el problema. ¿Dónde se nos enseña eso? ¿En el colegio? Pffff. ¿La universidad? Doble pffff. ¿La familia? Sólo si tuviste la suerte de tener papás inteligentes emocionalmente.


Es por eso que estoy decidida a compartir todo lo que he aprendido acerca de este tipo de habilidad (la de generar relaciones sanas y felices) porque estoy segura de que es la única manera de avanzar como sociedad hacia una más generosa, amable, menos quejumbrosa y más gozadora.


Las mujeres (y hombres) que son capaces de establecer relaciones de pareja sanas saben algo que probablemente sabes, pero no lo recuerdas lo suficiente: el “vivieron felices para siempre” que nos contaron de chicas… NO ES VERDAD!


Ninguna relación está libre de momentos difíciles en los que hay que ponerle el hombro. Todas las mujeres sufren en algún momento de sus vidas por alguna pena de amor. Todas hemos tenido desilusiones y todas, absolutamente todas hemos llorado al menos una vez por amor.


La clave está en cómo enfrentas esos “bajos”. ¿Te quedas pegada en la rabia, culpando al otro o al universo por tu “mala suerte” o eres del grupo de las hábiles emocionalmente, que toman cada tropiezo como una fuente de aprendizaje para tu relación actual o tus futuras relaciones?


Acá te dejo algo para reflexionar. Frente a un quiebre o pena de amor, las personas que son capaces de generar relaciones sanas y estables en el tiempo se centran en perdonar, comprender y seguir adelante. Se enfocan en aprender algo que les sirva para ellas y para sus relaciones futuras.


En cambio, quienes piensan que tener una relación maravillosa y estable es producto de la suerte o la química, cuando están en esos “bajos” se centran en vengarse, en “recuperarse” antes que el otro, en lograr que el otro se dé cuenta de su error y sufra. Un extremo sería el siguiente pensamiento que una vez escuché por ahí: “Si tuviera que escoger entre ser feliz yo o que él sufra. Elegiría qué el sufra”.


Y tú, ¿a qué grupo quieres pertenecer?

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© 2018 Mary Valdés Psicóloga & Coach

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