La pregunta (incómoda) que todas nos deberíamos hacer

Les voy a confesar algo.


Algo que me da mucha vergüenza compartir, pero creo que puede ayudar a otras mujeres a saber que no están solas.


Antes de tener a mi segunda hija, si miraba mi vida me daba cuenta de que tenía todo: amor, salud, amigos, trabajo, un hijo maravilloso y otro en camino, una casa que adoro, viajes,…


Pero en el fondo, bien en el fondo, algo me faltaba. Y eso me hacía sentir insaciable y aparecía la culpa. “¿Cómo puedo ser tan mal agradecida?” pensaba.


Eso que quería no tenía nada que ver con tener una casa más grande o un auto más moderno. No.

Eso que quería tenía que ver con que yo sabía que podía dar más y no lo estaba haciendo. Algo dentro de mí me decía “Mary, tienes mucho más que aportar al mundo, pero te lo estás farreando”.


No sé si será por las canas que van apareciendo y la conciencia de que la vida es en verdad finita o porque siempre me he caracterizado por ser una gozadora de la vida y de todo, que empezó a serme incómodo el no estar viviendo a mi máximo potencial. Porque cada día estoy más segura de que para eso estamos acá. Para vivir la mejor versión de ti misma y ser una mujer 2.0 que deje huella en este mundo.


Y esa huella, en mi caso, descubrí que tiene que ver con lo que siempre he hecho: tratar de ser un aporte y generar un impacto positivo en quienes me rodean. Ya no sólo ocupándome de que las personas disfruten y trabajen mejor en sus respectivas empresas (que es lo que principalmente he hecho los últimos 10 años), sino que aportando a que las mujeres disfruten y vivan mejor sus vidas fuera de ellas. Esa vida que a veces pasa inadvertida mientras estamos tan ocupadas pensando en los mails que no hemos respondido, culpándonos por el gimnasio que pagamos y al que no hemos ido cuanto querríamos, imaginando escenarios futuros y posibilidades que no ocurren, quejándonos por lo que no tenemos, leyendo las mil y una conversaciones de whatsapp o mirando casi en piloto automático las fotos de vidas “perfectas” que nuestros amigos publican en Facebook.


Decidí entonces que el coaching es mi camino hoy para acompañar a todas aquellas valientes que quieran tomar las riendas de su vida, salir de ese piloto automático y decidir despertar enamoradas de la vida que están creando. Día tras día.

Porque creo firmemente que no nacimos para vivir “a medias”. No nacimos para conformarnos con menos de lo que valemos ni aportar “un poco” a este mundo.


Nacimos para hacer algo con esa mezcla única de talentos que nos hace especiales. Porque si tú no lo haces, entonces el mundo se queda sin la oportunidad de disfrutar de eso que sólo tú tienes para dar. Porque no hay nadie en el mundo igual a ti. Nadie.

Y cuando digo aportar al mundo, no me refiero a tomar tus maletas e irte a trabajar a África (aunque para algunas, ese podría ser su sueño ;), sino que a entregar nuestro máximo a los que te rodean, en tu entorno cercano, especialmente con los que más te quieren.


Ser una mujer que vive en su máximo potencial implica elegir diariamente vivir ese día que comienza a concho. Disfrutando y aceptando lo que pase y eligiendo con qué actitud te lo vas a tomar. En lo personal, desde hace un buen tiempo no parto mi día sin hacerme antes esta pregunta: ¿De qué manera voy a ser un aporte hoy a los que me rodean?


Pregúntate: ¿están mis amigos, pareja, compañeros de trabajo, padres, hermanos, hijos y/o vecinos gozando de la luz que proyectamos cuando estamos viviendo desde nuestra mejor versión de nosotras mismas?


Si la respuesta es “no”, “mmmmmm no sé” o “eso creo…”, acá te dejo un video que te puede inspirar a dar los primeros pasos para que la respuesta sea un enfático y categórico “¡Sí!”


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© 2018 Mary Valdés Psicóloga & Coach

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